RSS

Ecce civis.

20 Abr

Suele ocurrir, durante períodos de campaña política, que los candidatos a una entidad gubernamental -digamos Alcaldía de Valledupar- expresan su compromiso de velar por el ordenado crecimiento de la Ciudad. Debe entenderse “crecimiento” no sólo demográfica sino también cívicamente, lo cual implica que la persona elegida se empeñará en comportarse de tal forma que sus gobernados vean en él la imagen del ciudadano ejemplar al que todos deben imitar. 

También suele ocurrir que, una vez en el cargo, el funcionario olvida que, aunque no todos los ciudadanos votaron por él, los que lo eligieron lo hicieron para toda la comunidad y no únicamente para los que lo apoyaron. De esta forma se descuida funciones inherentes a la dignidad ostentada. Ése parece ser el caso del señor Alcalde de Valledupar, matriculado en una reconocida confesión religiosa.

Sus creencias personales son respetables y eso no se discute. Pero lo que no se puede soslayar es la displicencia con que abiertamente el mandatario local agrede, tal vez sin percatarse, los sentimientos de la gran mayoría de valduparenses, que esperan mayor altura en las actuaciones gubernamentales del Municipio.

En diciembre pasado, dio mucho de qué hablar la iluminación navideña, en la que no se observó una sola alusión al acontecimiento que se celebra por esos días. Ahora, el tema deriva, durante los días santos, hacia la notable ausencia del Alcalde en los actos religiosos que reclaman rigurosamente su presencia.

El Lunes Santo es para Valledupar día por excelencia de acción de gracias. Es un día solemnísimo en el que los sentimientos de miles de devotos se vinculan en una sola aspiración: rendir culto a Dios en la persona de Jesús, y bendecirlo por los dones recibidos. Debe recalcarse que la veneración del pueblo vallenato a la figura de Cristo sufriente, que devotamente llamamos Ecce Homo (lat. He aquí al Hombre), es una tradición multisecular que sustenta toda una serie de manifestaciones, en las que se conjugan aspectos tanto del folclor como de la misma religiosidad popular.

Esto genera modos concretos de entender y apropiarse del hecho sagrado, a través de elementos que caracterizan la devoción de Valledupar a su Santo Patrono, realidad que es en sí misma una expresión cultural y al mismo tiempo un bien patrimonial de carácter inmaterial, digno de reconocimiento y estudio por parte de académicos e investigadores.

No puede entonces, no sólo el Alcalde municipal, también el Gobernador, y todo individuo que desempeñe cargos investidos de autoridad, desentenderse de las prácticas propias de la idiosincrasia del pueblo al que sirven; pues un funcionario público lo es en virtud de ese público al que se obliga a servir, de lo contrario, su labor deviene parcializada.

Si alguno está llamado a presidir las celebraciones del pueblo, es el primer mandatario municipal, elegido por una parte del pueblo para representar a toda la comunidad agrupada bajo la figura jurídica “municipio”. Tanto más si lo que se celebra es por tradición la mayor demostración de afecto de una Ciudad al Dios que adoran todos los cristianos.
Inclusive, si en dado caso el Alcalde fuera ateo, el protocolo, si hay quién lo dirija en su dependencia, lo obliga a asistir, y también a marchar en la procesión, porque la dignidad que ostenta prescinde de credos particulares, ya que está por encima de las convicciones propias al nivel de las convicciones colectivas, en las que prima el sentido del acompañamiento y apoyo solidario y respetuoso a las tradiciones raizales, que nos vinculan e identifican.

¿Y qué diremos del espectáculo del pasado viernes 15? Justo en el momento en que ingresaba a la Plaza Mayor el Viacrucis con que la Diócesis da inicio a la Semana Santa, empezaba una parranda gigante que tampoco dejó circular la procesión de la Semana Santa infantil por el desorden de los vehículos sin policía de tránsito que los controlara. Tampoco se pudo llevar a cabo una actividad religiosa en la madrugada del sábado 16, porque la Plaza era prácticamente un muladar.

No sería desacertado recordar que el pueblo mide la estatura de sus mandatarios por la entereza con que asumen sus funciones. Es preciso que los dirigentes procuren que sus acciones u omisiones no hieran el sentir de la mayoría, porque nada queda tan bien registrado en la memoria colectiva como los desafueros éticos de aquellos llamados a dar ejemplo de cultura ciudadana.
Armando Arzuaga Murgas.
Secretario General de la FUNDACION AVIVA (Amigos del Viejo Valle de Upar)

 
Deja un comentario

Publicado por en abril 20, 2011 en Semana Santa

 

Etiquetas: ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: