RSS

Historia de la Aviacion Vallenata

19 Jun

Escrito por el Doctor GUATAVO HINOJOSA DAZA, M.D.

Como la mejor forma de mantener una buena memoria es ejercitándola, hoy  les cuento un poco de la Historia que más me gusta: la del Valle Viejo y su incipiente aeronáutica.
Mis primeros recuerdos sobre la Aviación en el Valle, se remontan casi a la pre-historia, por allá a principio de los años cuarenta, cuando llegaba un avión de vez en cuando sin que hubiera una empresa con itinerario fijo, como fueron un poco más tarde Lansa y Avianca.
Me llevaron a conocer los aviones en una chiva roja, una Internacional de modelo más o menos reciente llamada la Sultana, la más popular en ese entonces. Por entre arañagatales y charcos se llegaba al Campo, pista de aterrizaje que aún no se decidían a llamar Aeropuerto, entrando por una trocha  muy estrecha que se iniciaba por donde hoy está la Terminal de buses intermunicipales.
Las instalaciones  eran un cobertizo con techo de zinc para los escasos viajeros, un cuarto separado para el celador y un hangar amplio, o más bien un galpón sin paredes, donde se almacenaban tanques de combustible de cincuenta galones.Había en este hangar-museo muchos restos metálicos esparcidos por todas partes, desde el accidente del avión del Presidente López Pumarejo en 1.935. O eso nos decían..
Rodeaban estas rústicas instalaciones muchos árboles de cañaguate, puyes y cardones que también hacían de sala de espera, donde los asientos eran los equipajes de los que no habían traído sillas de sus  casas.
La “pista” era una franja en sentido sur a norte, en medio de pastizales altos y maleza con una zona despejada frente al puesto de abordaje. En los extremos de esta franja, a lado y lado, había unos triángulos de tablas pintadas con los colores de la Bandera y bien visibles a la distancia.
Los aviones, mucho más grandes a la vista de los niños que los que pasaban rozando los techos de las  casas, llamaban la atención por el brillo metálico intenso, infinidad de remaches y ventanas cuadradas.-Eran la primera generación de bimotores DC3 a los que algunos llamaban “el duglas”. No muchos creerían que a veces, en tiempos de invierno fuerte, se atollaban frente al sitio de embarque. Bueno, no es que se fueran hasta la mesa y hubiera que sacarlos en el verano sino que se hundían en el terreno blando.
Varios tenían pito fuerte y alto; supongo que este accesorio no venía incorporado de fábrica sino una invención colombiana para alertar  al resto de la tripulación, cargueros y personal de tierra. Estos últimos eran: Víctor, gerente local; Vence, subgerente y voluntarios que ayudaban para poder conocer el aparato por dentro.
Viajar en avión en esos días era un serio problema. De entrada se podía leer en el tiquete:”el pasajero asume los riesgos del aire y de la navegación aérea” advertencia que para muchos era más bien una amenaza. Las esperas eran larguísimas. Además del calor fuerte, la turbulencia con vacíos y mareos, una constante. Con escalas en Fundación y Santa Marta. Lo bueno era que no había que pasar el Alto de las Minas ni esperar por horas el ferry Salamina –Puerto Giraldo
El temor a viajar en avión siempre ha sido grande en la mayoría.Pero en esos años era aún mayor porque accidentes graves sí ocurrían con frecuencia y por muchas razones, como el del cerro El Tablazo en la ruta a Bogotá donde perecieron varios estudiantes de reconocidas familias de la Provincia.
El hermano de uno de estos jóvenes logró recuperar un anillo de grado que quedó marcado por la llamas y que él  siempre llevó con orgullo, cuando relataba pormenores del terrible accidente mencionado en un canto vallenato primitivo donde se hablaba de “aparatos zumbadores que se pierden por el cielo”…El buen amigo del anillo, mi compañero de bachillerato, a su vez murió incinerado en un choque donde uno de los carros iba repleto de canecas de gasolina de contrabando.
La evolución  de la aviación vallenata fue rápida por la gran necesidad de este medio de transporte de los primeros años a la modernidad, iniciada desde cuando el doctor Pedro Castro Monsalvo, como alto funcionario del Gobierno, con frecuencia llegaba en un monomotor de la Fuerza Aérea; cabina plexiglass, color rojo y amarillo, tremendamente ruidoso. La gente siempre decía “llegó Pedro Castro”.

 
Deja un comentario

Publicado por en junio 19, 2011 en Aviacion, Historia Vallenata

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: