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Peripecias del grado de la primera promoción del Colegio Loperena

27 Sep
Peripecias del grado de la primera promoción del Colegio Loperena

En su discurso, de hoy, el médico ortopedista-traumatólogo José Enrique Mendiola, durante el acto protocolario de celebración del septuagésimo aniversario del Colegio Nacional Loperena, narró episodios de la historia no oficial de los primeros años de la institución.

El siguiente fue su discurso:

Señor alcalde de Valledupar, doctor Fredys Socarrás Reales; señor rector del Colegio Nacional Loperena, doctor Gonzalo Quiroz Martínez; doctora Alba Luz Luque-Lommel, presidenta ejecutiva de AVIVA; señor Pedro Durán, gerente de la misma fundación y sus miembros: doctoras Jenny Uhía, Fanny Ortega, Annie Marshall, Mary Saurith de Ortega; señora Lolita Acosta, eminente periodista, coordinadora del homenaje que hoy se brinda al Colegio Loperena; demás miembros de la honorable junta directiva de AVIVA que tuvieron la amabilidad de invitarme a este importante evento; honorables ex alumnos del Colegio, señoras y señores: antes de continuar con esta breve intervención solicito de ustedes un minuto de silencio para elevar al altísimo una plegaria por los compañeros desaparecidos: doctores Efraín Córdoba Castilla, José Manuel Martínez Quiroz y José María Trespalacios. Paz en su tumba.

Me acompañan en este recinto los doctores Emilio Araos Solano, Ingeniero Civil de la Universidad Nacional de Colombia, Luis Pimienta Cotes, Ingeniero Agrónomo de la Universidad de Antioquia, y el destacado pedagogo, licenciado Cicerón Sierra Díaz, de la Universidad del Atlántico.

En el uso de la palabra les habla José Enrique Mendiola Montero, Médico Cirujano de la Universidad Nacional, especialista en ortopedia, traumatología y enfermedades de la columna vertebral.

Por una gentileza de las directivas de la Fundación AVIVA, entidad cívica que se ocupa del bienestar, embellecimiento y progreso de nuestra ciudad, vine especialmente de Bogotá, donde resido actualmente, a celebrar con ustedes el septuagésimo aniversario de la fundación de nuestro amado Colegio Loperena, faro de luz que iluminó las mentes de innumerables generaciones que han dado y siguen dado brillo y prestigio a nuestra región y a nuestro país y que se ganó por si solo el afecto entrañable y la admiración indescriptible de quienes hemos tenido el honor de ingresar a sus aulas.

¡Oh Loperena! ¿qué habría sido de nosotros si no nos hubierais permitido abrevar en el pozo de conocimientos que fuiste para todos los estudiantes vallenatos y los que veníamos de las diferentes poblaciones vecinas a calmar nuestra sed intelectual, me refiero a poblaciones como Atánquez, Patillal, Codazzi, Gamarra, Villanueva, San Juan del Cesar, Barrancas, Fonseca, El Molino y muchas otras. Sois el gestor de nuestros triunfos.

Recuerdo con infinita gratitud a quienes guiaron nuestras vidas y orientaron nuestros destinos dentro de su apostolado profesoral. Enrique Pupo Martínez, Francisco Molina Sánchez, Hernando García Lopez, Guillermo Hundeck, Gustavo Maldonado, Remberto Teherán León y Jorge Perez Álvarez fueron, entre muchísimos más que todos recordamos con agradecimiento, pilares insustituibles de nuestra formación integral como gentes de bien, caballeros de honor y ciudadanos de avanzada. Loor a su memoria.

Fundado en 1942 por gestión de nuestro ilustre parlamentario doctor Pedro Castro Monsalvo, durante la presidencia del doctor Alfonso López Pumarejo, catorce años más tarde, en 1956, fecha en que hacíamos cuarto de bachillerato, el colegio no tenía aprobación oficial para quinto y sexto. Había que ir a otros colegios como el San Simón de Ibagué, el Miguel Antonio Caro de Ocaña o el Fray Cristóbal de Torres de Bogotá para terminar el bachillerato. Ante esta circunstancia y nuestra difícil situación económica para ir a esas instituciones educativas, solicitamos respetuosamente al ministerio de Educación Nacional la solución a este problema, y en vista de que no nos respondían, acudimos en bloque al Liceo Celedón de Santa Marta que si nos aceptaba. Tuvimos la fortuna de que estando en esta histórica ciudad, llego allí procedente de Bogotá la comisión del ministerio de Educación Nacional que esperábamos para la aprobación de los últimos grados pendientes, con ellos nos regresamos y logramos resolver tan difícil situación.

A finales del sexto año y para coordinar la fecha y las actividades de la graduación solicitamos la colaboración de nuestro alcalde, el eminente médico doctor Antonio José Sierra, y con su concurso decidido y entusiasta invitamos al señor gobernador del Magdalena, Teniente Coronel Millán Vargas, quien de manera formal y atenta nos prometió asistir personalmente. Con esa promesa y la coordinación de nuestro rector, el señor Gustavo Rey Torres, conseguimos que don Jorge Dangond Daza, que estaba terminando de adecuar el Teatro San Jorge, nos permitiera estrenarlo con nuestra graduación y gracias a su nobilísimo gesto así se hizo.

En acto solemne, el 18 de noviembre de 1957, con la presencia del cuerpo de profesores, del señor alcalde y su gabinete, el señor gobernador del departamento del Magdalena nos hizo el honor de acompañarnos con su equipo de gobierno y además, como si fuera poco, con una brillantísima comisión de directivos de la Universidad Nacional de Colombia que estaba de visita en Santa Marta, integrada por nadie menos que el doctor Abel Naranjo Villegas, decano de la facultad de Derecho y por el doctor Arturo Villegas Giraldo, decano de la facultad de Filosofía y Letras, orador eminentísimo. En mi condición de bachiller con las notas más altas, dentro del organigrama previsto en dicha celebración, me correspondió la dignidad de llevar la palabra después de lo cual el señor gobernador Teniente Coronel Millán Vargas, el doctor Abel Naranjo Villegas y el doctor Arturo Villegas Giraldo extasiaron a la concurrencia con piezas oratorias de tanta belleza que habrían hecho vibrar de emoción a Virgilio, Demóstenes, Sófocles y a los clásicos más exigentes de la literatura greco-romana.

Gracias, gracias, gracias, Colegio Loperena. Te llevamos en el corazón y en nuestra alma. Que los egresados de tu claustro nos unamos como una fraternidad grande que te cuide, te consienta, te proteja y dentro de compañas cívicas altruistas de restauración y embellecimiento arquitectónicos, como el Ave Fénix te levantes soberbio, sacudas tus cenizas vetustas y te permita llegar por las alturas como el cóndor andino del inmortal Julio Flórez, a las rubias pestañas de los astros.


LOLITA ACOSTA
Directora Fundación Reyes y Juglares Vallenatos

 

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