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Casa de bahareque de la familia Jiménez Zuleta en el barrio San Joaquín: testimonio vivo de nuestra cultura ancestral

30 Abr
Foto de Paola Valera. Entrada principal.

Foto de Paola Valera. Entrada principal.

La Fundación AVIVA (Amigos del Viejo Valle de Upar), como entidad Vigía del Patrimonio dedicada a la conservación y divulgación del Patrimonio Cultural de nuestra región, ha sido contactada por los hermanos Jiménez Zuleta para organizarles un Centro de Memoria que pueda presentarse a los visitantes como una muestra auténtica del estilo de vida de nuestros antepasados, residentes de los barrios Cañaguate y Cerezo con sus casas de bahareque, hasta cuando comenzaron a tumbarlas para construir con ladrillo y teja en los años 50, cuando comenzó la modernización de la ciudad.

No sólo cayeron las casas de bahareque, sino también las auténticas coloniales, los conventos como el de Santo Domingo, la Cárcel del Mamón, edificaciones del siglo XVII y muchas residencias fueron masacradas perdiéndose así un buen porcentaje del Patrimonio Cultural de la ciudad.
La casa de bahareque construida por José Benito Jiménez, vallenato nacido el 19 de marzo de 1915, y su esposa Bernarda Zuleta, de La Paz, nacida el 20 de agosto de 1920, tiene su historia. Estas personas humildes, llenas de virtudes, y ya fallecidas, formaron un hogar para criar a sus 8 hijos, trabajando él como jornalero en la finca El Cerrito de la familia Pupo, y ella vendiendo fritos: arepuelas, buñuelos y pastelitos que fueron las delicias gastronómicas de toda una generación, cuando el maíz se pilaba, se cocía y se molía. Las harinas comerciales no habían hecho su aparición en nuestra región y la comida era mucho más sana.

Foto de Paola Valera Bahareque a la vista y techo de teja de cemento.

Foto de Paola Valera Bahareque a la vista y techo de teja de cemento.

José Benito era un hombre del campo que iniciaba sus labores a las 4 de la mañana sembrando y atendiendo sus cultivos de yuca, frutas y verduras que después vendían en la casa. Así, trabajando honradamente, logró comprar un lote de terreno al señor Joaquín Martínez Zuleta (Q.E.P.D.), en donde construyó la casa de bahareque que él denominó “el cuartico”.

Con tesón y disciplina logró continuar ahorrando para construir una casa de material y poder albergar en ella a su numerosa familia, a sus 8 hijos: Carlos, Nelly, Carmen, Luz Marina, Fanny, Mariela y Marlene Jiménez Zuleta. Sus hijos crecieron con ese modelo de virtudes inculcado por sus padres, que eran comunes a los nativos de esta región: la honestidad, el respeto, la humildad, la capacidad de servir a los demás y una sólida fe cristiana.

Foto de Paola Valera Cama de hierro, muy utillizada a comienzos del siglo XX

Foto de Paola Valera Cama de hierro, muy utillizada a comienzos del siglo XX

La casa fue terminada el 27 de abril de 1966 y fue inaugurada por el gobernador y otros políticos. Lo curioso es que a pesar de que la casa adyacente está a pocos pasos, la casa de bahareque sigue teniendo la supremacía en los afectos de la familia Jiménez Zuleta que, con mucha paciencia y dedicación, ha logrado dejar plasmado en los tres cuartos la cotidianeidad del Viejo Valle. La dedicación al Patrimonio y el sentido de pertenencia por el mismo son las características que más nos han impactado en este núcleo familiar de 7 hermanas y un varón, que permanecen unidos, laboriosos y dedicados a mantener la casita y el patio en un estado de limpieza admirable.

Allí encontramos la muestra de la arquitectura vernácula: el bahareque a la vista con sus horcones de madera y latas de caña amarga. Su techo no es de palma sino de tejas de cemento como se usaron en la época de los 50. El piso es de barro pisado y todo destila frescor, orden y limpieza que se irradia en los tres cuartos que hacen de alcoba, sala y cocina. Ellas explican que: “anteriormente la vida corriente y familiar era desahogada y agradable, en las casas se empleaba generalmente la misma habitación para comer, dormir y recibir a los familiares y visitas”.

Fotografia de Paola Valera. Foco de 4 baterías, planchas de carbón, lámpara de petroleo de los años 20. Imagen de la Virgen del Rosario, Patrona de Valledupar

Fotografia de Paola Valera. Foco de 4 baterías, planchas de carbón, lámpara de petroleo de los años 20. Imagen de la Virgen del Rosario, Patrona de Valledupar

La casa guarda en su interior todo el mobiliario y los utensilios que se usaban en el viejo Valledupar: asientos de cuero, tinajero, cama de hierro, baúl de madera, mesas, pupitre de escuela y todos los elementos que tenían en su cocina de antaño.

La Fundación AVIVA está actualmente adelantando las labores del inventario para catalogar cada objeto con su uso y su antigüedad. Una fotógrafa profesional y una diseñadora están trabajando con la fundación para hacer de este sitio un pequeño Centro de Memoria para las futuras generaciones, y así perpetuar lo que fue el viejo Valledupar. El material será traducido al inglés para que los visitantes extranjeros puedan contextualizar mejor lo que están viendo.

Este esfuerzo de las hijas de José Benito y Bernarda tiene que comenzar a dar frutos, para que ellas puedan continuar manteniendo el lugar. Pagando una entrada de $5.000 pesos, el visitante puede trasladarse, como por arte de magia, a una casa típica de la región y a un patio parrandero, en donde José Benito, que amaba la parranda, se las gozaba acompañado de su hijo Adán Montero Jiménez y sus parientes Poncho y Emiliano Zuleta, Colacho Mendoza, Rodolfo Castilla Polo, Jairo Negrete, Wicho Sánchez (el autor de La banda borracha), Armando Zabaleta y todos los numerosos amigos que gozaban de los famosos sancochos y guisos de chivo, gallina criolla, pescado e iguana y arroz de asadura preparados con la sazón inigualable de su prima Bernarda Zuleta de Jimenez, la dueña de casa.

La Fundación AVIVA hace un reconocimiento a ese sentido de pertenencia de José Benito y Bernarda, que aun teniendo una casa de material, conservaron la de bahareque en el patio, para no olvidarse de sus raíces campesinas y disfrutar mejor una siesta en una casa de piso de barro, en donde la temperatura puede ser 6 grados inferior a la del medio ambiente, y esto hace una gran diferencia en un clima ardiente como el Valledupar.

La casa de bahareque estará abierta al público durante el festival, con horarios de 9 a.,. a 12 m. y de 3 a 7 p.m. Costo de la boleta: $ 5.000. Dirección: Carrera 14 A No. 9-50.

 

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