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“El Grito” para ver en el Festival Vallenato

27 Abr

IMG_184619251040647Por Lolita Acosta

Trabajar por la cultura en Valledupar es encontrar un terreno árido, espinoso y donde reina no sólo la música de acordeón como elemento subyugante, dominante y dueño de todos los privilegios, sino donde tenemos una comunidad apática, con elementos que juegan a la deslealtad, las desavenencias, los celos y la traición, y con apoyos oficiales y privados muy limitados y condicionados a las relaciones socio-políticas del proponente.

Sin embargo, hay una población inconforme, desatendida, ávida de eventos que enriquezcan el acervo cultural individual en esa necesaria construcción de un bien colectivo llamado Cultura.

Un valduparense (para no llamarlo vallenato, que es como más me gusta, pero que, para los efectos de este comentario podría desviar nuestra atención hacia el género musical tan apreciado), decía que, un valduparense nacido en Salta (Argentina), Francisco Ruiz, llama nuestra atención por estos días y una vez más. No es primera vez. Desde hace cerca de 40 años, esta es su novena o décima picada en el ruedo y bien que le viene el término pues sus propuestas pictóricas han traído siempre una especie de manifiesto revolucionario para el pensamiento local.

Esta vez tocó con lo suyo. Con la fibra más sensible y yo diría que más susceptible que tiene una sociedad, que son sus artistas. No sé como lo hizo, pero logró poner de acuerdo a 39 de los 23 artistas plásticos que inicialmente eran y juntos están dándole vida a un movimiento que han llamado El Grito de las Artes Plásticas y Visuales de Valledupar.

Es el mismo nombre de la exposición inaugurada ayer en la Casa Luque. La Casa Luque es la sede de AVIVA, la Fundación Amigos del Viejo Valle de Upar, de la cual este movimiento ha recibido total apoyo y estímulo.

Los planes son tan grandes como grandes son las necesidades del sector cultural en Valledupar, donde, la única sala de exposiciones que había (la de la Biblioteca Rafael Carrillo Lúquez), fue convertida en oficinas; donde la Casa de la Cultura amenaza ruina y los pocos espacios disponibles son incapaces de satisfacer la demanda de servicios que buenamente su director quiere prestar; donde proyectos como el Parque de la Leyenda, que contemplaba la construcción de generosos escenarios para todas las artes, y el Teatro Municipal, ambos proyectos naufragados en los linderos del Código Penal, mantienen en statu quo el desarrollo del talento regional. Estamos prácticamente como en la década de los 70, cuando fue inaugurada la Casa de la Cultura Cecilia Caballero de López, a un costo elevadísimo por cierto: para levantarla fue derrumbada la Cárcel del Mamón, una edificación colonial que hoy le daría mayor valor al Centro Histórico que lucha por sobrevivir.

El atraso en temas culturales es total. El museo etnográfico desapareció junto a sus más de 200 piezas auténticas y originales que fueron a parar a los anaqueles particulares fuera y dentro del país, algunas están en la ciudad aun. Sacan la cabeza esfuerzos como los del Banco de la República con sus dos pequeñas salas, la Alianza Francesa con su patio y un saloncito, instituciones educativas privadas como el Gimnasio del Norte, San Fe y Sagrada Familia, la Universidad del Área Andina y la Popular del Cesar, los hoteles, centros comerciales en sus pasillos, los clubes sociales y algunas entidades con sus auditorios, pero ninguno de ellos llena los requisitos para la presentación de obras teatrales, de ballet, orquestal de gran formato.

El Grito se constituye así en eso: en un grito desesperado y angustioso del colectivo cultural vallenato, aparte de que es, en este festival que vive Valledupar hasta el 3 de mayo, la muestra más grande y representativa realizada aquí, compuesta por 39 artistas plásticos y visuales.

Esta exhibición, dice su promotor, Francisco Ruiz: -“… da pie al registro de la Historia de las Artes Plásticas y Visuales de Valledupar, donde se reconoce a Jaime Molina como el pintor emblemático de la plástica vallenata, que a pesar de su escasa producción  pictórica se convierte, por la poesía de Rafael Escalona, en el símbolo que lleva en el pico de las golondrinas, el grito de protesta y pedido, al igual que Jaime lo hacía en sus  famosas caricaturas, de una mayor atención e inversión para el desarrollo de las artes vallenatas. Con esta exposición se muestra que no solo poesía y música produce el  departamento del Cesar, sino también pintura, escultura, grabado, dibujo, cerámica, fotografía, textiles, audiovisuales. También es un reconocimiento a los artista que se fueron: Álvaro Martínez, Germán Piedrahita, Arturo Castro Castro y el fotógrafo Rafael Martínez que dejó un importante registro del Valledupar de antes y que, antes de que se pierda, el gobierno debe cuidar de este patrimonio. Las autoridades deben comprender que invertir en cultura es invertir en la creación de fuentes de trabajo que alejan la desocupación, la violencia y apoyan la paz”, dijo el vocero de la “gritería”.

 

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