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Para la restauración del Centro Historico hay esperanza

04 Nov

Tres intensos días de trabajo ha tenido el Urbanista Jose Luis Cañavate, experto en revitalización de Centros Históricos, con resultados exitosos en diferentes ciudades de Europa y de América Latina.

Paseamos el Centro contestamos sus inquietudes, y aprendimos muchísimo del profundo conocimiento que el tiene sobre estos Centro Históricos deteriorados y la búsqueda de soluciones prácticas y rápidas para curarlos.

En un desayuno de trabajo estuvimos, Santander Beleño, Eliana Mendoza del SIVA, Pablo Gamboa de la Universidad Nacional, Fanny Solano de la Universidad Nacional, Annie Marshall, Pedro Duran Perez y Alba Luz Luque de la Fundacion AVIVA – Amigos del Viejo Valle de Upar

 
5 comentarios

Publicado por en noviembre 4, 2016 en Uncategorized

 

5 Respuestas a “Para la restauración del Centro Historico hay esperanza

  1. Martha Bowen

    noviembre 4, 2016 at 12:12 pm

    Extraordinaria oportunidad para Valledupar y un honor enorme.

     
  2. Iván Fernando Márquez Gómez

    enero 24, 2017 at 6:39 am

    Saludos, estoy interesado en hacer parte de ese grupo altruista y recuperador del centro histórico de las buenas y viejas costumbres del viejo Valledupar.

     
  3. Iván Fernando Márquez Gómez

    enero 24, 2017 at 6:41 am

    Soy un periodista de esta bella región, recién llegado a Valledupar, ya que tenía más de 10 años residenciado en Venezuela, espero contar con su aprobación para unirme a tan hermoso y necesario proyecto social.

     
  4. Iván Fernando Márquez Gómez

    enero 24, 2017 at 6:43 am

    Este es uno de mis últimos trabajos, lo comparto con uds…

     
  5. Iván Fernando Márquez Gómez

    enero 24, 2017 at 6:45 am

    Añoranzas
    Cada momento de la vida, debe ser disfrutado con entusiasmo y alegría, ya que estos jamás se volverán a repetir y nunca serán los mismos, así regresemos al sitio de los acontecimientos y hasta con las mismas personas.
    Cuando estamos lejos de nuestro terruño, bien sea en el mismo país, pero fuera de la patria chica, la nostalgia y melancolía, es muy sentida y conmovedora, como me lo recordó mi admirada y querida prima Elizabeth al visitar Valledupar para fin de año. Se añora todo, olores, colores y sabores y si es escuchando una de esas canciones, del auténtico vallenato, tocada, compuesta e interpretada por verdaderos juglares, de los que hoy quedan pocos, mucho más; escuchar los bajos de Alejo Durán, los pitos de una puya, tocada por Alfredo Gutiérrez, el Rebelde del acordeón, la maestría de Luis Enrique Martínez y de Colacho Mendoza al ejecutar un merengue, la autenticidad de Emilianito Zuleta, así como la jocosidad y creatividad de Calixto Ochoa.

    Que decir, de la inspiración poética de un Leandro Díaz, el que veía con los ojos del alma, melodías de Rafael Escalona, considerado padre del folklore, o del flaco de oro Gustavo Gutiérrez Cabello anhelando la paz, los temas y versos de Poncho Cotes Jr, o del trío de oro. (Hernando Marín, Sergio Moya Molina y Máximo Movíl), poemas cantados de Rosendo Romero, el poeta de Villanueva, composiciones de Carlos Huertas el cantor de Fonseca y las letras de Santander Durán Escalona entre otros, o bien los enfrentamientos de los hermanos Manjarrez, Alcides y Rafael, con el Monito Arzuaga, Rubén Toncel o Bornacely en el concurso de la piquería, gratos recuerdos, que permanecerán perennes en nuestra memoria.
    Quién no desea escuchar un buen vallenato, en las voces de un Jorge Oñate, el Jilguero de América, una canción con el Plumón de Oro Poncho Zuleta, la gracia y carisma del Cacique de La Junta Diomedes Díaz, los éxitos de Rafael Orozco, dedicar una serenata con la voz morena del vallenato Silvio Brito, la potente voz de Armando Moscote y del tenor Iván Villazón, un Beto Zabaleta en diciembre, todos estos, pioneros y fundadores de este hermoso folklore, lamentablemente algunos de ellos ya fallecidos.

    Esas, letras, notas y melodías, que nos conmueven el alma, y que nada tienen que ver con lo que se escucha hoy en día, esas que nos recuerdan el viejo Valledupar, La Plaza Alfonso López, sentarse bajo la sombra del palo de mango, sus calles tranquilas y apacibles, las desaparecidas cabañuelas, la imponencia de la Sierra Nevada, los Arhuacos con sus Mochilas y Poporos, los Cañahuates florecidos, engalanando la tierra del Cacique Upar.
    Quién no añora: las ventas, de arepitas, queques, merengues, chiricanas y dulces, del otrora Valledupar; las almojábanas de La Paz, el sabroso queso de San Diego, los alfandoques y panelas de Atanquez y las tradicionales arepas de queso, de la capital vallenata, saborear los típicos dulces del valle; visitar Hurtado y bañarse en las frías aguas del río Guatapurí, La Semana Santa con sus Nazarenos y penitentes, Un Lunes Santo para ver al Ecce Homo, La rememoración de La Leyenda Vallenata, en plena Plaza Alfonso López y el baile de los diablos, en el día del Corpus Cristi, de igual manera el desfile de las piloneras, encabezado por la Cacica, legado de la desaparecida Lola Bolaños, por allá en la Carrera 4ta del Barrio el Carmen, quien armaba altares para que los indios bailaran en los frentes de las casas, para después repartirles dulces a los niños de la Garita y el centro, todos esos son recuerdos, que conmueven y estremecen a todo el que ha vivido y nacido en esta maravillosa tierra de ensueño y tradiciones.
    Esta nostalgia se acrecienta, al oír un cometario, de un paisano, del país vallenato, que aunque no lo conozcamos, habla de sitos y lugares, que solíamos frecuentar, cuando éramos, niños, adolescentes o jóvenes, y cuando empezamos a ilusionarnos por ese primer amor, así fuese platónico; nos transportamos y hasta sentimos los olores, de esos tiempos añorados, queremos volar a esos instantes y momentos maravillosos e irrepetibles de nuestra existencia, pero si estás fuera de tu país y se acerca la época decembrina, mucho mayor será la nostalgia y el guayabo, que sentirás.
    De igual manera, quienes han perdido a un ser querido, o a un gran amor, vivirán un contraste de sentimos y emociones, confundiéndose entre, alegrías, melancolía, placeres, risas y llantos, como exigiéndole una explicación a la vida y recorriendo esos lugares, bien sea mental o físicamente, esperando encontrar, algo o a alguien en ellos, que lo consuele o lo calme, o quizás comparta su sentir, estas, son huellas y recuerdos indelebles de nuestras vidas.
    Momentos estos, que se aprecian y se valoran mucho más, con el transcurrir de los años, puesto que al vivirlos, no nos dábamos cuenta, de que éramos felices y no lo sabíamos, es por ello, que debemos disfrutar cada época de nuestro existir, al máximo, es decir, siendo: ricos o pobres; gordos o flacos; viejos o jóvenes; con arrugas o sin ellas, ya que cada una de nuestras etapas, tiene su encanto y valor y deben ser vividas y valoradas como el último instante de nuestras vidas, debido a que constantemente, estamos añorando el tiempo que ya pasó, pero olvidándonos de disfrutar el presente.
    La lucha constante por la felicidad, el bienestar y desarrollo de la especie humana, se ha convertido en una voraz y fratricida competencia o guerra entre los seres humanos. Es por ello, que los valores, la ética y buenas costumbres, son apartadas o violadas constantemente, bien sea por los profesionales, letrados o analfabetas, con tal de conseguir sus propósitos o para obtener algo a cambio. Emulando esa fatídica frase de Nicolás Maquiavelo que dice: el fin justifica los medios.
    Debido a esto, los que no son viejos, pero tampoco unos adolescentes están constantemente comparando, el presente con el pasado, diciendo que antes era mejor, es decir añorando y rememorando tiempos pasados, y nos desilusionamos y nos llenamos de impotencia y frustración, al ver lo que sucede actualmente en la sociedad mundial, puesto que la capacidad de asombro, en la humanidad ha llegado a su límite y si continuamos así, llamando a lo bueno malo, y a lo malo bueno, el mundo al revés, como decía el maestro Eduardo Galeano, la especie humana, está en serios peligros, por la lucha constante entre todos nosotros, no solo en sobrevivir, sino para sobresalir, a costa de lo que sea.
    Esperando que recapacitemos todos, tanto por el bien nuestro y de las futuras generaciones, sino también por el de la tierra misma, nuestra Pacha Mama el único hogar o vividero que tenemos, ya que sin esta, nuestra existencia estaría en entre dicho, sin olvidar, que solo estamos de paso en ella, dejémosla igual o mejor que como la encontramos, para no vivir solo de añoranzas.
    Por: Iván Fernando Márquez Gómez

     

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